viernes, 10 de noviembre de 2017

Réplica a "mi mundo ideal"

En esta entrada se realizará una réplica/crítica a una idea realizada en un blog de un compañero. Os animo a leer ambas reflexiones, pues ninguna debe ser rechazada. En primer lugar, aclarar que esta fue una idea que mi compañero tuvo hace tiempo y que, por lo tanto, su tesis estará mucho más asentada y trabajada que en su formato original. Por otro lado, dejar claro que el autor de esta entrada es un buen compañero mío de la Facultad de Filosofía y que el debate que aquí planteo será siempre desde la cordialidad y la sanidad de este mismo. El link lo dejo a continuación y os invito a leerlo antes de comenzar con mi crítica a este planteamiento: http://lalocuraes.blogspot.com.es/2013/04/mi-mundo-ideal.html.

Podemos observar que se trata de una exposición de un mundo que el autor sueña. Un mundo completamente distinto al nuestro. Ahora bien, no me centraré en otros aspectos que el autor señala, como la reducción del presupuesto militar o el triunfo de ciertas premisas de lo que fue el 15M. Hay una medida que me llama mucho más la atención: el establecimiento de una edad máxima de vida.

Se podría plantear esta tesis desde varios puntos de vista, los cuales exploraré a continuación (pues todos estos son puntos que hemos tratado en debates personales, cara a cara). El primero de todos es el que él mismo expone en el propio artículo. Mezcla dos perspectivas personales muy interesantes. El hedonismo, por una parte le hace defender la mayor satisfacción de nuestros placeres. Por otra parte, el comunismo, el cual le hace mirar por el bien común. Este es un cocktail de pensamientos filosóficos que nos muestra como ingredientes un individualismo basado en los placeres y los deseos del sujeto y un colectivismo basado en un bienestar común, lo que es mejor para la sociedad.

El hedonismo puede parecer una tesis filosófica muy interesante. En parte, comparto muchos aspectos de este pensamiento. No obstante, siempre he considerado que se queda corto en su descripción del individuo. ¿Acaso solo podemos limitarnos a los placeres personales? ¿Acaso los sujetos no somos algo más complejo que solamente deseos e instintos? Esta es una premisa que podemos rechazar de base. El individuo busca algo más que esto. En mi humilde opinión, ya vivimos en una sociedad basada en la satisfacción continua de nuestros deseos personales y, a lo único a lo que nos ha llevado es a vivir en la sociedad en la cual la depresión se ha puesto como una de las enfermedades más comunes en este siglo XXI, junto con el cáncer y el sida.

Con respecto a su tesis sobre el bien común, tengo una crítica asentada hace ya tiempo con respecto a este tipo de perspectivas. Numerosos autores a lo largo de la filosofía han intentado basar sus conclusiones éticas y políticas sobre esta premisa. Existe un problema muy grande con estos planteamientos. Cuanto más se piensa en el bienestar común, menos se piensa en el bienestar del individuo. Es paradójico, pues la mayoría de dilemas morales que se han tratado a lo largo de la historia de la filosofía moral se basan en esta dualidad. Retomaré este tema más adentrado el artículo.

Otra perspectiva sobre la cual se podría apoyar la medida de una edad máxima de vida es un problema demográfico. Argumentar la sobre-población para defender este tipo de medidas es algo que siempre se ha visto en todo tipo de debates. ¿Es la sobre-población un problema tan serio? Obviamente sí. No voy a ser tan estúpido de cegarme por no defender esto. Ahora bien, habría que mirar si esta solución no podría resultar en problemas más graves.

El problema más serio que veo con esto es el siguiente: que se esté defendiendo una medida que toca el campo de la moral para intentar arreglar un problema de origen demográfico y económico. Me explico. Cuando se toma una medida tal que resulta en problemas morales, la justificación debería centrarse en ser una justificación moral, no desde otro ámbito. Es peligroso poder lanzar conclusiones al aire sin que haya una revisión moral de estas mismas.

Dicho lo cual, cabría hacerse la pregunta ¿Es moral obligar al suicidio asistido a todas aquellas personas que hayan llegado a cierta edad? Mi respuesta es un no rotundo. En primer lugar, porque el propio concepto de suicidio obligatorio va en contra de todo lo que debería ser un suicidio. Es una decisión que uno toma sobre su propia vida, un derecho basado en el habeas corpus y en los artículos 1 y 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dicen así: “todos los seres humanos nacen libres e iguales” y “todo individuo tiene derecho a la vida, la libertad y la seguridad”. Si bien es cierto que no seré yo quien defienda que los DDHH son absolutos y determinantes, también es verdad que a día de hoy, quien quiera tomar una medida que vaya en contra de estos tendrá que justificarlo desde un razonamiento moral.

¿Qué es entonces el suicidio? ¿Qué personas pueden tomar esta decisión? Este es un tema que levanta polémicas. Desde mi punto de vista, el suicidio es una decisión que debe ser tomada desde una serie de condiciones óptimas del sujeto. Sería injusto, pues, que una persona que tiene una serie de problemas mentales tomase esta decisión sin haber tratado estos problemas con anterioridad. Asímismo podemos estar de acuerdo en que estas condiciones no se cumplen en el sistema propuesto por mi compañero. Lo que propone entonces, no es un suicidio obligatorio, sino un asesinato.

Lo que es peor, este asesinato se toma en como una especie de procedimiento burocrático. Un filósofo esloveno dijo alguna vez que si supiéramos de antemano el día de nuestra muerte, nadie elegiría vivir. No puedo estar más de acuerdo. La muerta ya es una circunstancia que ronda nuestra mente, como una especie de amenaza constante. La condición de estar vivos es la seguridad de estar muertos en un futuro. La seguridad de estar muertos en una fecha límite arranca las posibilidades de vida. El individuo no podría satisfacer sus deseos y sentirse bien con ellos, no solo porque el sujeto no se alimenta de placeres, sino también porque el hecho de limitar su vida hace que los deseos sean aún más ilimitados.

La sociedad de las prisas, del consumo desenfrenado, del cumplimiento de unos planes autoasignados seguiría vigente. Mientras esto siga vigente, los cuidados de sí no desaparecerán. El individuo-empresa se acentuará incluso más. La sociedad en la que la depresión es la enfermedad más exitosa en las listas de pacientes estará ahí. No puedo pensar que esto se sostenga con el hedonismo. Más bien lo contradice por completo. Lo que defiende mi compañero en secreto es el estoicismo.

Esto se muestra más claro en el momento en el que se habla de la muerte en su artículo. La muerte es algo tan natural como el nacimiento. Sin embargo, nos causa horror. Deberíamos aceptarla, como quien acepta una ruptura. No obstante, ¿qué da un sentido a la vida más que el miedo constante a la muerte? En este punto ya no hablo solo de vida humana, sino más bien de vida en el sentido biológico.

Darwin definió la vida como el arraigo que tenemos hacia esta. El sentido de la existencia de las especies es el instinto de supervivencia, ya no solo de la misma especie, sino, como bien define Richard Dawkins en su reformulación del neodarwinismo del propio individuo. La muerte nos aterra, no solo a los humanos (por lo tanto, no es algo cultural como dice el autor de este articulo, sino algo biológico) sino a todos los seres animales. De hecho, más bien, el único ser capaz de quitarse ese arraigo a la vida sería el ser humano, pues este tiene la opción del suicidio. El miedo a la muerte es algo incluso más natural que la propia muerte.


Como conclusión, quería volver a señalar la contradicción que he encontrado en la formulación de esta idea. Esa contradicción que además sirve como paradigma de casi todos los dilemas morales. Esta es, la contradicción entre el bien del individuo y el bien social. Hay quien pudiera decirme que no es así, que existe una posición que podría resumir ambos bienes, no obstante, en estas terceras posiciones siempre se esconde una de las dos propuestas. Lo que se pretende desde este artículo es demostrar que una medida que defiende el bien común, puede servir para defender el bien del individuo. Ahora bien, resulta que hemos conseguido demostrar que no es así del todo. Que las consecuencias de este planteamiento son aún más perjudiciales para el individuo. Será muy complicado reconciliar ambas posturas. Es un reto que se nos plantea a los filósofos morales, un reto que habrá que asumir.

2 comentarios:

  1. partes de una idea de hedonismo muy simplista, aunque entiendo que es válido al no exponer yo en ese artículo que entiendo por esa palabra. pero más allá de mi visión personal, en el propio Epicuro no se trata al ser humano como algo tan simple, como haces entender en tu crítica. lo de llamarme estoico en la calle no lo haces, jajaja.

    tu crítica me parece acertada al artículo tal y como está expuesto,aunque hay una noción imortante por la que no pasas, el conflicto de saber que para que tu puedas vivir potencialmente 100 años, sea necesario que otros lo hagan 50. ni el hecho que seguramente si nosotros seguimos esa línea, nuestros nietos vivirán en una sociedad obligada a trabajar hasta los 70 y algo.. o viviendo en una tierra totalmente destruida.
    luego, algo que no sale en el artículo, es que creo que si no lo hacemos de forma voluntaria y organizada. las élites el día que sea sostenible tendrán métodos más drásticos de acabar con la superpoblación.

    el día que lo exponga en clase, verás la respuesta completa y esperaré tu contra réplica.

    agradezco el tiempo tomado en la crítica, ya que implica que la idea cuanto menos te ha parecido interesante y también por darme un marco más amplio al que atenerme.

    pd: algún día harán mi versión cómica y cambiaran cut the balls x kill the olds ;)

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    1. Guardaré pues mi contra réplica para entonces, esperaré ansioso a tu versión cómica de Kill the olds jajajaja

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